El verano trae sol, playa y más horas al aire libre, pero también es la época en la que la piel más sufre. El calor, la radiación solar y el cloro de la piscina la dejan más deshidratada y expuesta, así que unos cuidados básicos marcan la diferencia.
1.La protección solar es el gesto más importante. Aplícala 20-30 minutos antes de exponerte, en cantidad generosa, y reaplícala cada dos horas, también tras el baño. No olvides zonas como las orejas, la nuca o los labios, donde muchas veces no llega el protector.
2.La hidratación también se trabaja por dentro y por fuera. Beber suficiente agua a lo largo del día es tan importante como aplicar una buena crema corporal después de la ducha, cuando la piel aún está húmeda.
3.Después de tomar el sol, el aftersun cumple una función real: calma el enrojecimiento y ayuda a la piel a recuperarse. Busca productos con aloe vera o pantenol, sobre todo si has pasado muchas horas expuesto. Y si vienes de la piscina o de la playa, una ducha con agua dulce antes de hidratarte evita que el cloro o la sal sigan resecando la piel.
Aprovecha también el verano para fijarte en tu piel: si notas un lunar que cambia de forma, color o tamaño, no lo dejes pasar.