El cuerpo humano es como un castillo fortificado preparado para defenderse en caso de que agentes externos lo ataquen.
Vamos a intentar hacer un paralelismo, con lo que diríamos que:
Las Murallas evitan que el agresor llegue al interior del castillo. En nuestro cuerpo, esa función la realizan la piel y las mucosas de las vías respiratorias. La piel, si no está físicamente dañada por traumatismos, picaduras, heridas o quemaduras, evita la invasión de microorganismos. Las vías respiratorias, filtran partículas externas presentes en el aire inhalado.
El Foso, lleno de agua, podría asimilarse con las membranas de nuestras mucosas, tales como el revestimiento de la boca, la nariz y los párpados. Generalmente, estas membranas están recubiertas de secreciones que combaten a los microorganismos. Nuestros ojos, están bañados en lágrimas, que contienen una enzima llamada Lisozima que ataca a las bacterias y que los protege frente a infecciones. Las paredes de la nariz y las vías respiratorias están cubiertas de moco, que se encarga de atrapar los microorganismos que entran con el aire que inhalamos y que expulsamos al toser o sonarnos la nariz.
Los calderos de agua caliente que tantas veces hemos visto utilizar en las películas, serían el ácido del estómago, las enzimas pancreáticas y la bilis. Estas sustancias, además de apoyar la digestión de lo que comemos, también pueden eliminar bacterias o impedir que se multipliquen.
Por último, tenemos a los soldados y a los habitantes del castillo. Es la parte más importante de la defensa, al igual que nuestro sistema inmunitario. Cuando un agente invasor entra en nuestro organismo, éste lo detecta como a un enemigo y se pone en marcha para eliminarlo. Fabrica anticuerpos específicos que reaccionarán con los antígenos del microorganismo neutralizándolo y posteriormente eliminándolo. Es como si los soldados del castillo, identificaran a los agresores y creara defensas específicas ante esa amenaza.
Ahora que conocemos cuáles son nuestras defensas, vamos a ver qué podemos hacer para ayudarlas a estar fuertes y permitirles hacer su función adecuadamente.
Empezamos por nuestras murallas: la piel y las mucosas son las barreras de nuestro cuerpo. Son la barrera con la que los patógenos se encuentran y que como comentábamos antes, si están enteras, evitan la entrada de patógenos. Por ello, es muy importante cuidarla, mantenerla limpia y bien nutrida. Para limpiarla, utilizar geles que no la deshidraten y no la irriten; para nutrirla, importante aportarle nutrientes como el Zinc, la Vitamina C y la Vitamina D que permiten que la piel y las mucosas se mantengan perfectamente.
El foso de nuestro organismo, la boca debemos mantenerla con una perfecta higiene; cepillado, cambio frecuente de cepillos, una pasta de dientes y colutorios adecuados para nuestras circunstancias bucales y una alimentación adecuado que aporte los nutrientes adecuados para mantener el calcio de nuestros dientes. Además de todo lo dicho, determinados estudios clínicos han concluido que un componente habitual en los colutorios, el Cloruro de Cetilpiridinio (CPC) es eficaz como antiviral.
Nuestros calderos de agua caliente, nuestros jugos gástricos, hepáticos y biliares son imprescindibles para eliminar los agentes patógenos que se introducen con los alimentos, bebidas o el aire. Para cuidar esa zona y reforzar nuestras defensas, son importantes los probióticos.
Los probióticos son microorganismos vivos que, al ser ingeridos en la cantidad adecuada, producen un efecto beneficioso contribuyendo al equilibrio de la flora intestinas y una mejora en el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico. Es por ello, que también van a reforzar a nuestros soldados y a la población de nuestro castillo.
El estado anímico, es otro factor importante para reforzar o debilitar las defensas de nuestro castillo. Una mala alimentación, el sedentarismo, el aislamiento social, los conflictos no resueltos, el estrés, las emociones negativas como el miedo, la angustia, la desesperanza y especialmente, la ira, la rabia y el rencor provocan un debilitamiento de nuestro sistema inmunitario. Este impacto negativo no sólo se compensa a través de la dieta y el ejercicio, sino también mediante sentimientos positivos de alegría y confianza, la resolución armónica de conflictos, el apoyo social de familiares y amigos y con sentimiento de generosidad, agradecimiento y amor que pueden ser cultivados a través de técnicas de relajación, respiración y meditación.
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