Ha pasado más de un año desde que las vacunas contra la covid-19 comenzaron a aplicarse de forma masiva a la población mundial. En plena sexta ola, con más del 90% de población diana vacunada, no parece que la pandemia vaya a superarse de la noche a la mañana. Lejos queda ya el sueño de conseguir inmunidad de rebaño con el 70% de la población vacunada. Para lograr este objetivo, las vacunas tendrían que ofrecer una protección sólida frente a todos los estados de la infección. En esto ya se está trabajando: Pfizer y Moderna están desarrollando una vacuna actualizada frente a ómicron. Sin embargo, la capacidad del virus de mutar es mayor y más rápida que la capacidad de producir, evaluar y autorizar vacunas. Por ello, los esfuerzos se tienen que centrar en desarrollar otro tipo de vacunas, con un espectro de acción más amplio.
Pero, ¿qué sabemos de la capacidad de vacunación para neutralizar el coronavirus? Es evidente que las vacunas han demostrado ser muy eficaces previniendo el desarrollo de enfermedad grave, hospitalización, ingreso en UCI y muerte. Son, sin duda, la herramienta más eficaz de la que disponemos actualmente para hacer frente a la pandemia. Esto es una realidad que se mantiene con ómicron, pese a que presenta multitud de mutaciones que provocan un incremento en la transmisibilidad y escape a la inmunidad.
La parte positiva es que, a pesar de las mutaciones, la efectividad de las vacunas se mantiene alta frente a las complicaciones graves. Esto lo estamos viendo en esta sexta ola, donde tenemos el mayor número de casos de toda la pandemia y, al mismo tiempo, no es comparable a otros momentos en cuanto al número de hospitalizaciones, ingresos en UCI y muertes. El mayor riesgo de hospitalización y muerte lo siguen presentando las personas no vacunadas o aquellas con respuestas insuficientes.
Pero entonces, ¿qué es lo que pasa con ómicron si las vacunas funcionan? ¿cómo se están contagiando tantas personas a pesar de las vacunas?
Son varios los factores que condicionan la duración de la protección. Algunos son dependientes del individuo y su capacidad para generar una respuesta inmune de calidad y, otros, del virus, como su capacidad de mutar y escapar a la inmunidad.
Ómicron, por su mayor capacidad de transmisión, tiene un escape inmunitario muy potente, tanto de la vacuna como de la infección natural. La protección que ofrecían las vacunas frente a otras variantes de coronavirus eran meses y, ahora, se observa una importante caída de la protección a las 10 semanas. Por ello, las reinfecciones se han convertido en un fenómeno masivo.
La eficacia de dos dosis de la vacuna de Pfizer para prevenir hospitalizaciones se ha reducido desde el 93% al 70% con la variante ómicron. Sin embargo, los anticuerpos se recuperan tras una tercera dosis de la vacuna. La aplicación de más dosis de refuerzo requiere de la elaboración de una estrategia en función del riesgo, la edad y los diferentes factores de riesgo que tenga la persona. También se debe tener en cuenta la inmunidad natural que está provocando ómicron, con tasas de infección no vistas hasta ahora en los dos años que llevamos de pandemia: todas las personas que se pusieron la tercera dosis de la vacuna y habían pasado previamente la enfermedad, tienen una inmunidad híbrida robusta y con una protección superior.
Pese a que ómicron presenta cierto escape a los anticuerpos neutralizantes, la respuesta celular sigue siendo eficaz frente a esta variante, lo que explica que las vacunas sigan protegiendo frente a la enfermedad grave. Son vacunas que producen no solo anticuerpos, sino también una respuesta celular potente: confieren una memoria inmunológica que permite que se pueda sufrir un cuadro covid leve, pero protege de los graves.

Lo que está claro es que las vacunas han marcado un antes y un después en esta pandemia. La protección frente a la mortalidad es del 95% y, es por eso que, pese a la gran transmisibilidad de ómicron y el levantamiento de restricciones, no se están repitiendo los números atroces del pasado 2020. Las muertes se producen, en general, en personas no vacunadas o en personas vacunadas que tienen muchos factores de riesgo y patologías crónicas importantes.