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Al aumentar la resistencia a la circulación de la sangre a través de arterias, por diversas causas (ateroesclerosis, depósitos de colesterol), el corazón ha de impulsar la sangre con más fuerza para que llegue en volumen suficiente a los tejidos, con lo que aumenta el trabajo del corazón y la presión que la sangre ejerce sobre las paredes de los vasos sanguíneos. Esto se traduce en una distensión y daño de las paredes de las arterias y, en particular, de las pequeñas (arteriolas) que irrigan los órganos y tejidos. De esta manera la hipertensión arterial sostenida y no controlada está en el origen de otras muchas patologías muy graves (cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal).

La hipertensión arterial pasa desapercibida en la mayoría de los casos porque no suele tener síntomas específicos o llamativos, más allá de quizás cefaleas y no en todos los pacientes, por lo que es importante medir la presión arterial regularmente, especialmente a medida que envejecemos. Hay un cierto componente hereditario y por ello, las personas con antecedentes familiares de hipertensión arterial o con factores de riesgo tales como el sobrepeso, el sedentarismo o el consumo excesivo de alcohol, deben tomar precauciones adicionales. Combinada con otras patologías frecuente en la edad avanzada diabetes, cardiopatías, colesterol, insuficiencia renal), puede tener consecuencias muy graves.

No des por sentado que tienes la tensión arterial normal. Pásate por tu farmacia y tómatela y si está elevada toma medidas de inmediato. Aquí, prevenir es la mejor garantía pare evitar futuras patología mucho más graves. Así pues, un control rutinario, en particular cuando se ha constatado que se es hipertenso es absolutamente necesario (en la farmacia te podemos ofrecer equipos certificados para la cómoda medida de la tensión arterial a domicilio). Así como medidas preventivas, tales como adoptar hábitos saludables o farmacológicas. Las medidas de prevención incluyen seguir una dieta saludable, limitar la ingesta de sodio (sal común), haz ejercicio regularmente, evita fumar y reduce el consumo de alcohol. La detección temprana y el tratamiento adecuado son fundamentales para mantener una buena salud y prevenir complicaciones a largo plazo.

Puede haber situaciones transitorias de hipertensión, pero no por ello menos graves, por ejemplo durante el embarazo, en el que la tensión debe vigilarse cuidadosamente. La preeclampsia es un estado de hipertensión que aparece después de las 20 semanas de embarazo, y que puede afectar a la placenta y se acompaña de proteinuria. La eclampsia es un estado más grave donde la hipertensión se acompaña por convulsiones y/o coma pudiendo ser causa de la pérdida del embarazo y un alto riesgo para la madre.

Para el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial leve se utilizan beta-bloqueantes que disminuyen la frecuencia cardiaca. Para los casos más acusados se suele utilizar una combinación de: a) Inhibidores del enzima convertidor de la angiotensina (IECAs), captopril, enalapril; b) antagonistas del receptor de la angiotensina (ARA-II; candesartan, losartan) que evitan la acción vasopresora de la angiotensina, hormona clave que regula la presión arterial; c) calcio antagonistas (verapamilo, amlodipino) que producen la dilatación de los capilares y con ello disminuye la resistencia al avance de la sangre; d) diuréticos que eliminando agua del organismo disminuyen el volumen sanguíneo (furosemida, seguril, hicroclorotiazida, higrotona).

La hipertensión es una patología que, de no ser controlada a tiempo, es causa de daños reversibles con grave riesgo para la vida. Vigíate regularmente en tu farmacia!

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